‎Oda a la puesta del sol o el porqué amanece hoy también

Ayer me comí el sol, no fueron las montañas ni el girar de la Tierra a su alrededor, fui yo.
Lo miré frente a frente, y con los ojos entornados fui pellizcándolo hasta que se consumió en el atardecer.
Esta mañana lo miro de frente, surgiendo del horizonte del mar y no fue el girar de la Tierra, fui yo.
Vomité sus pedazos, como ascuas de una chimenea que se mantuvieron candentes durante la noche.


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