El porqué de Sierra Nevada…

“El porqué de Sierra Nevada o el porqué no se ha de tener miedo a los días grises y de lluvia”

Comenzó a golpear la persiana en la ventana, así supe que se acercaban.

capítulo 1: el viento
Durante los siguientes siete días, el viento no paró de soplar, volviendo locos a los árboles, acumulando nubes, tapando el cielo y levantándose una espesa niebla en el horizonte con diferentes tonos de gris.
Mientras… por encima de las nubes… algo se tramaba.


capítulo 2: los Barbalargas
Por encima de las espesas nubes grises, viajaban otras nubes, pero muy blancas.
Y agarrados a éstas… los Barbalargas, seres de aspecto delgado, altos, de pies pequeños, barbas largas y pelo recio, cantarines y muy habilidosos.
Vienen, tumbados, agarrados con fuerza a las nubes, dejándose llevar de un lugar a otro
para realizar su trabajo.

capítulo 3: las montañas
Llegados a su destino, observaron desde arriba la situación en la que se encontraban las montañas: Alcazaba, Mulhacén, Veleta…
Estudiaron atentamente el paisaje, su geografía, sus picos y relieves.
Y vieron que era necesario comenpezar lo antes posible.

capítulo 4: manos a la obra
¡Manos a la obra! Comenzaron su trabajo.
Cortaron sus largas barbas y con éstas se hicieron unas buenas brochas.
Alargando sus largos brazos y empinándose con sus largas piernas mojaban las brochas en las nubes y pintaban las montañas.
Esta labor les llevaría una semana completa así, hasta agotar las nubes blancas sobre las que vinieron volando.

capítulo 5: viaje de vuelta
Después de varios días, acabado el trabajo, preparan su viaje de vuelta.
Subiéndose uno encima del otro creando un largo cordón de Barbalargas, se agarran fuertemente a las nubes más altas y esperan a que el viento les lleve a un nuevo lugar.

capítulo 6: desde mi ventana
Después de los días de viento, lluvia, niebla y cielo gris en los que apenas se filtraban algunos rayos de sol…
…comenzó a abrirse el cielo en grandes claros, que dejaban ver cómo un pico de luz blanca, asomaba por encima de las nubes, reflejando la luz cegadora del sol.
Por un momento parecía que se tratase de una nube que había tomado una forma caprichosa, pero la punta del Veleta, flotando en la niebla, asomaba ya blanca, cubierta de nieve confundiéndose con las nubes.

capítulo 7: cada año
Cada año, cuando oigo el viento golpear mi ventana, sé que se acercan.

Espero con impaciencia cada día, a que llegue ese momento en el que se despejen claros en la tormenta gris y asomen las montañas blancas.

Gloria Lizano López, en Granada, otoño de 2008, desde mi ventana.


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